Lo hacía sola, sin nadie que la acompañara…

Una mujer no vidente caminaba por la vereda como es debido, ayudada por su bastón. Lo hacía sola, sin nadie que la acompañara y con la indiferencia habitual de estos casos, por parte de la gente que pasaba a su lado.
Tanto es así que al pasar por una verdulería de la zona cercana al centro de la ciudad, tropezó con los cajones de frutas y verduras que están sobre la vereda, extrañamente sin que nadie le llame la atención al propietario del comercio.
La mujer no se lastimó pero estuvo a punto, lo que es suficiente como para que haga una denuncia ante las autoridades y esgrima su condición de persona no vidente, sobre todo para que las asociaciones que las nuclean hagan las manifestaciones correspondientes como para que este tipo de incumplimiento a las normas sociales, de respeto a la comunidad, se hagan valer.
Lo más triste del caso, fue ver cómo la pobre mujer tuvo que arreglárselas sola para seguir su camino, sin que nadie la ayudara, y sabiendo además que al día siguiente esos mismos cajones de verdura que obstruyen el paso de los transeúntes, volverán a estar ahí.

Una mujer no vidente caminaba por la vereda como es debido, ayudada por su bastón. Lo hacía sola, sin nadie que la acompañara y con la indiferencia habitual de estos casos, por parte de la gente que pasaba a su lado.

Tanto es así que al pasar por una verdulería de la zona cercana al centro de la ciudad, tropezó con los cajones de frutas y verduras que están sobre la vereda, extrañamente sin que nadie le llame la atención al propietario del comercio.

La mujer no se lastimó pero estuvo a punto, lo que es suficiente como para que haga una denuncia ante las autoridades y esgrima su condición de persona no vidente, sobre todo para que las asociaciones que las nuclean hagan las manifestaciones correspondientes como para que este tipo de incumplimiento a las normas sociales, de respeto a la comunidad, se hagan valer.

Lo más triste del caso, fue ver cómo la pobre mujer tuvo que arreglárselas sola para seguir su camino, sin que nadie la ayudara, y sabiendo además que al día siguiente esos mismos cajones de verdura que obstruyen el paso de los transeúntes, volverán a estar ahí.