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Distintas personas que se dedican a la venta de comida rápida en la noche a través de los delivery están preocupadas por lo que consideran «una broma de mal gusto», pero que analizándolo mejor, es algo bastante más grave que debería sancionarse con rigor.
Sucede que en las últimas noches, desde un número de celular -que ya está guardado para posibles acciones a futuro en su contra- se solicitan pedidos de un importante valor a una dirección en la que luego nunca atiende nadie. «Nos ha pasado que alguna noche eso prácticamente nos hizo perder la ganancia de todo el reparto de la noche», decía uno de los comerciantes afectados.
Pero el tema no termina allí. Ha pasado que desde el comercio se llama al celular y nadie responde, pero sí se les envía mensajes de burla, con palabras y con imágenes. Siempre es lamentable y repudiable que alguien pueda jugar con el trabajo de otros; y en estos tiempos tan difíciles económicamente, más aún.
Siguiendo con el tema comercio, alguien que vino de Montevideo y recorrió algunos barrios del extremo sur de nuestra ciudad, se asombró al ver tantos pequeños almacenes en casas particulares. Es que para hacer un peso más que ayude a vivir, muchos deciden surtirse de algunas cosas, por poco que sea, y revenderlas en improvisados comercios.
Claro que esto provoca malestar en muchos comerciantes instalados en locales, por los que pagan determinados impuestos. Entienden que es una competencia desleal que debería regularse.