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Desde media cuadra por lo menos y a puertas cerradas se escuchaba un automóvil tuneado que hacía gala de su equipo de audio, ya que tenía el mismo a todo volumen. El tema es que la contaminación sonora que eso genera no la mide nadie, y determina además una situación de molestia en el resto de las personas que se van desplazando a su alrededor.

Además, ese mismo coche cruzó con su equipo de audio de alto volumen a cuestas, por el frente de un sanatorio de nuestra ciudad sin bajar un ápice el volumen, sin tener en cuenta que en ese lugar hay enfermos que están internados y algunos de ellos en grave estado, debido a que el mismo cuenta con un CTI.

Aunque este coterráneo siguió campante sin pensar por un minuto que el volumen de su parlante, no solamente afecta su sentido del oído, sino que además, afecta el de los conductores que pasan a su lado, lo que puede llegar a hacerlos no percibir la presencia de otro vehículo y generar consecuencias negativas.

El tema es la falta de controles a estas personas a los que el cuerpo inspectivo les debe ajustar su comportamiento en el tránsito, y además debería haber señalizaciones afuera de los hospitales públicos y privados para que se respete el silencio que debe imperar en el lugar por la sensibilidad que el caso amerita.