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VOX POPULI

Las dos adolescentes venían caminando a la salida del liceo, era de tardecita y por eso, como se iban a tomar el ómnibus para volver a sus casas, comentaban cómo habían vivido la jornada, lo que puede ser algo habitual y hasta sano. Pero cuando el tenor de la conversación es inquietante las cosas ya no deberían ser tan normales.

“Yo le dije a la… ‘mirá, no te pego porque sos más chica que yo, pero la verdad me tenés podrida’. Y ella me miró nomás y la tuve que cagar a trompadas. Ahora le dije también ‘si seguís hablando mío, yo te voy a dar una en el medio del pico’. Y la boluda me miró toda rota, porque la había dejado toda rota”.

La joven seguía inalterada con su conversación por la calle, mientras otras dos la escuchaban muy atentas. Escucharlas era para que a uno se le pongan los pelos de punta, porque este tipo de diálogos desnudan una situación mucho más seria, no solo la violencia implícita del mensaje en sí, sino de la persona que lo emite.

La tristeza por ver jóvenes que están inmersos en ese submundo, comentando situaciones de este tipo como si fueran graciosas y mucho peor, practicarlas, es algo que traduce la miseria humana que aflora en nuestros jóvenes, y que además generan problemas no solo para ellos sino también para su entorno. Qué futuro nos espera.