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Estaban todo sentados en uno de los costados laterales de la Plaza de los Treinta y Tres, era un grupo de muchachos, todos jóvenes, que estaban degustando sus porros tranquilamente cuyo aroma se hacía sentir desde la calle, es decir, a varios metros desde donde ellos estaban, juntos y contentos como no podía ser de otra manera.

Con ellos había un perro Pit bull, que no tenía bozal ni correa, pero que jugaba con ellos y con todo el que pasaba. Mucha gente al ver al can, trataba de correrse porque ante la fama de que los mismos son agresivos el problema se lo podía llevar algún transeúnte que circulara ocasionalmente por ese espacio.

Pero para los jóvenes que allí estaban, el hecho los tenía sin cuidado, demostrando su total falta de responsabilidad ante estos hechos, lo cual establece que están incumpliendo las normativas que dejan en claro la tenencia responsable de animales, la que indica que quienes tengan mascotas de ese estilo, deben sacarlas a la calle con los cuidados respectivos.

El mismo caso se repitió en la Plaza Artigas donde cuando uno ingresa al lugar absorbe la humareda de marihuana que dejan los grupos de personas que están apostadas en ese lugar y que además están consumiendo alcohol como si fuera correcto y no pasara nada, generando así una intoxicación para el cuerpo a la que nadie, ni a ellos mismos, parece importarle.