VOX POPULI

Los alrededores del Liceo Ipoll dan pena. Los pastizales y los basurales que allí se aglomeran y que quedan esparcidos por el recinto junto una tarde de domingo, no le dan una buena imagen a uno de los centro de enseñanza públicos más prestigiosos de nuestro país, por su trayectoria y su acervo histórico.

Se trata del primero liceo público del interior del país, fundado el 1º de noviembre de 1873, por Osimani y Llerena, dos académicos destacados de su época que creyeron en la educación secundaria pública, todo un adelanto para una época en la que en esta zona del país, la lejanía hacía a los pobladores vivir con mucho más atraso de lo que ya se vivía.

El Ipoll, ha sido un liceo que ha enorgullecido al departamento de Salto, tuvo varias épocas y un sinfín de edificios, hasta que en 1973, logró el suyo propio, moderno, pujante, que hablaba del significado de esa institución que ha cultivado a estudiantes que han llegado muy lejos en el mundo en distintas artes, ciencias y profesiones.

Un dato anecdótico, es que el arquitecto de ese magnífico edficio es el padre de quien 30 años después proyectara el edificio que está detrás, el de la sede Salto de la Universidad de la República, los arquitectos Scheps de Montevideo. Pero no solo por todo lo dicho, sino por quienes actualmente lo ocupan, merece otro respeto.